martes, junio 9

Voyeur

Fuguet, en una entrevista sobre su libro de Caicedo, dice que los cinéfilos sienten mucha curiosidad por la vida pero también mucho pánico a vivir.
Una amiga me decía hace algún tiempo que ella prefiere vivir sus propias aventuras en vez de leerlas. Yo le argumentaba, a favor de la literatura, que hay miles de cosas que una nunca va a vivir y de las que puede tener noticia a través de las historias (y ficciones)de otros.
No sé si será que es porque no tengo trabajo y tengo desocupados 2 y medio de los 5 días laborales, pero estas últimas he visto un montón de películas. Gringas, indias, francesas, buenas, mediocres... lo que venga.
Mi terapeuta me preguntó una vez si me gustaba ver cine para escapar y yo casi me sentí ofendida. "Me gusta el cine porque muestra otras miradas, otras realidades". Pero ahora, casi 4 años después, pienso que probablemente tenía razón. Hay algo reconfortante en perderse en una historia, escrita o filmada; una forma de pasar las horas en un lugar mucho más interesante que en el que se está. Mirar la vida en vez de vivirla.

lunes, mayo 18

miércoles, abril 15

Ayer, contra toda costumbre, pido y comienzo a leer paralelamente dos novelas. Hasta antes de abrirlas no había caído en cuenta de eran ambas de autores japoneses y que ambas aludían de alguna forma a la homosexualidad. El par de coincidencias, ya que la elección había tenido más que ver con lo que encontré a mano en la biblioteca y con cambiar un libro de cuyo autor me había equivocado, hizo que no supiera por cual empezar y que leyera alternativamente durante los trayectos a la U y a casa capítulos de ambos.

Los libros en cuestión (Confesiones de una máscara de Yukio Mishima y Sputnik, mi amor de Haruki Murakami) me situaron en dos épocas de un país del que poco y nada sé. De hecho, si no recuerdo mal, nunca había leído a un autor japonés. Ni a Kawabata ni a Oé ni al mismo Mishima del que había tenido algún tomo en las manos. Y la coincidencia me lleva, una vez más a sentir que hay algo que tiene que ver con todo y de lo que rara vez nos damos cuenta.

Que Mishima se haya suicidado con un harakiri es algo que sabía hace tiempo pero que no había logrado interesarme más allá de hojear sus libros. Y que en la novela de Murakami se toque constantemente el tema de la muerte lo hace atractivo, pero es sólo una parte más.

Japón, amor, muerte. Esos son los derroteros por los que vago estos días. Y el lápiz encima de mi escritorio dice Furukawa...