Ayer, contra toda costumbre, pido y comienzo a leer paralelamente dos novelas. Hasta antes de abrirlas no había caído en cuenta de eran ambas de autores japoneses y que ambas aludían de alguna forma a la homosexualidad. El par de coincidencias, ya que la elección había tenido más que ver con lo que encontré a mano en la biblioteca y con cambiar un libro de cuyo autor me había equivocado, hizo que no supiera por cual empezar y que leyera alternativamente durante los trayectos a la U y a casa capítulos de ambos.
Los libros en cuestión (Confesiones de una máscara de Yukio Mishima y Sputnik, mi amor de Haruki Murakami) me situaron en dos épocas de un país del que poco y nada sé. De hecho, si no recuerdo mal, nunca había leído a un autor japonés. Ni a Kawabata ni a Oé ni al mismo Mishima del que había tenido algún tomo en las manos. Y la coincidencia me lleva, una vez más a sentir que hay algo que tiene que ver con todo y de lo que rara vez nos damos cuenta.
Que Mishima se haya suicidado con un harakiri es algo que sabía hace tiempo pero que no había logrado interesarme más allá de hojear sus libros. Y que en la novela de Murakami se toque constantemente el tema de la muerte lo hace atractivo, pero es sólo una parte más.
Japón, amor, muerte. Esos son los derroteros por los que vago estos días. Y el lápiz encima de mi escritorio dice Furukawa...
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

2 comentarios:
uuuu
suena bien esa lectura
en tu otro blog vi el fragmento que tenías de Sputnik
quizá algún día llegue a mis manos también...
un abrazo!
No es rara esa coincidencia puesto que Mishima escribió varias veces sobre homosexualidad y eligió el Murakami más famoso y mejor criticado...
Lo paradójico es que a Murakami no le gusta ni un poco Mishima. Casi diría que siente un cierto desprecio por él.
S.
Publicar un comentario